domingo, 30 de agosto de 2026

Películas compartidas (agosto, 2026)

Cuatro veranos llevamos compartiendo películas sobre todo las noches de agosto, en el apartamento. Revisando las listas de otros años, tengo la sensación de que hemos visto menos y tiene una explicación lógica: algunas nos han durado dos veladas (¡la edad ya no perdona!).


La diferencia de este año con los anteriores es que algunas noches hemos “rescatado” algunas pelis que los mayores ya habíamos visto, para que las vea especialmente la pequeña, que se ha incorporado con bastante fidelidad al plan familiar.


Y aquí va nuestro ránking 2026:


Con un 6,25:

El gran despertar, de Joshua Enck (EEUU, 2026): curiosa, por los dos personajes principales: Benjamin Franklin y George Whitefield. La aportación de ambos fue decisiva para el crecimiento de la iglesia metodista y la difusión de sus sermones.


Con un 6,5:

Addition (Sumar, una adicción cualquiera), de Marcelle Lunam (Australia, 2024): solo para pasar un rato entretenido, si no hay otra cosa mejor que ver. Va sobre una matemática lucha por equilibrar su compulsivo hábito de contar (y su amistad imaginaria con Nikola Tesla) con un incipiente romance.


Con un 6,83:

Caso 137, de Dóminik Moll (Francia, 2025): este año hemos sido generosos puntuando. Un caso de asuntos internos que no termina como esperaba. No la recomiendo.


Con un 6,9:

Las ovejas detectives, de Kyle Balda (Reino Unido, 2026): entretenida, de misterio, clásica, porque se ha de resolver un asesinato y el caso se puede seguir con facilidad. Solo hay que acostumbrarse a que las ovejas hablan en esta peli.


Con un 7,15:

Presunción de inocencia, de Daniel Auteuil (Francia, 2024): la trama se resumiría en la defensa de un padre que, supuestamente, ha asesinado a su esposa. El giro final se me grabó en las entrañas y me costó digerirlo.


Con un 7,16:

Buen camino, de Gennaro Nunziante (Italia, 2025): el típico viaje iniciático del protagonista a partir del camino de Santiago, pero es entretenida y graciosa. Para pasar un buen rato.


Con un 7,25:

El gran dictador, de Charles Chaplin (EEUU, 1940): se nos quedó baja de puntuación, porque la plataforma en la que la vimos dificultaba su visionado. La veremos de nuevo; seguro que la peli lo merece.


Con un 7,5:

Ágora, de Alejandro Amenábar (España, 2009): la historia de Hypatia de Alejandría, su amor por la sabiduría y el encontronazo con el cristianismo hacen que esta peli siempre valga la pena. Fue interesante redescubrirla a través de los ojos de una adolescente.


Gremlins, de Joe Dante (EEUU, 1984): un clásico de mi adolescencia. Fue bonito rememorar y compartir los recuerdos de cuando la vimos por primera vez. ¡Los mayores aún recordábamos las tres reglas!


Con un 7,63:

Zeta, de Dani de la Torre (España, 2026): esta la elegí yo, por aquello de actualizarme un poco con el cine español. De acción y espionaje, con agentes del CNI y operaciones especiales. Muy entretenida y recomendable.


Con un 7,83:

María Callas, de Pablo Larrain (Italia, 2024): la biografía de una de las cantantes de ópera más importantes del mundo revivida a partir de su última semana de vida. Aprendimos mucho de la diva en esta película.


Con un 8:

Mi año en Oxford, de Iain Morris (EEUU, 2025): prototipo de comedia romántica ambientada en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Profesor guapo con alumna guapa, en un entorno “british” fantástico. Para los y las amantes del género, como mi hija.

 

Con un 8,5:

La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock (EEUU, 1954): es una de las que me faltaban por ver del emblemático director. Muy buena y, por supuesto, muy recomendable, pero me gustan más otras de Hitchcock, sin duda. Un detalle que me alucinó: los outfit de Grace Kelly (divinos, como ella) evolucionan en consonancia con el personaje. ¡Brutal!


Con un 9,33:

Eduardo Manostijeras, de Tim Burton (1990): ¡es la peli ganadora del verano! Al igual que otras, nos sorprendió redescubrir esta historia a través de los ojos de Marta, a quien la peli le encantó y puntuó con la máxima nota. 


Así pues, esta ha sido nuestra relación de historias compartidas este verano. Como siempre, las referencias y reseñas de las películas las podéis encontrar en www.filmaffinity.com Este año, además, sumo a la recomendación la aplicación Letterboxd, con la que puedes también hacer listas y seguir a amigos o conocidos, saber qué pelis ven y leer algunas recomendaciones interesantes. ¡Me gusta mucho!


¿Habéis visto alguna de estas? ¿Nos sugerís otras? ¡Os leo en comentarios! ;-)





lunes, 24 de agosto de 2026

Asunto: "Gracias por este regalo..."

 Querida amiga:


Te escribo para agradecerte el regalo de cumple que me hiciste hace dos años. Por motivos varios, hasta este verano no he podido leerlo; pero ¡vaya si lo he disfrutado!


Lo primero que me ha gustado es la estructura: los capítulos cortos facilitan mucho la lectura. De esa manera, casi sin darte cuenta, lees más. En este caso se añadían las ganas de saber qué pasaba después, y eso que la narración no está en orden lineal ni hay mucha acción en la trama. Esto es lo curioso: sin haber apenas acción y sabiendo de antemano el final, la historia (y la manera de contarla) te atrapa. Ya sabía por Intemperie que Jesús Carrasco escribe muy bien. Me he acordado de ti en la lectura porque algunas veces hemos comentado la importancia de mantener las palabras de cada lugar, de cada ámbito, de cada época... y el mundo rural (en este caso) da para mucho.


Comparto contigo algunas anotaciones que he tomado: 

-Me ha llamado la atención la elección de los nombres de su familia, ese proceso compartido con ellas. Con este recurso genera una sensación de distanciamiento ficticio que creo que no consigue, pero me resulta curioso.

-Me encantan las referencias literarias (y cinematográficas, pero menos) que hace. He tomado nota de algunas de sus recomendaciones.

-La sensación final es extraña: te quedas a medias, vacía y llena a la vez, como la casa.

-Me gusta la evolución del protagonista, hacia la desapropiación y el desapego. Todo un ejemplo a seguir.

-Por último, lo que más me ha gustado ha sido encontrarme una página con la punta doblada, que estoy segura que es tuya, para seleccionar el texto que está escrito allí. Te lo copio para que puedas volverlo a degustar:


"Yo hubiera querido perpetuar para siempre esa cotidianidad salvadora. Una costumbre que inyecta sentido a la vida. Si algún día pierdo a quien más amo, lo que echaré de menos cada día no serán los grandes momentos pasados sino los pequeños vividos. Lo pequeño nos consuela, hace de los días algo soportable. Pero es lo grande lo que nos orienta, como las virtudes de las que nos habla Natalia Ginzburg:


Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito, sino el deseo de ser y de saber".


Por supuesto, la marca se ha quedado en el libro, para recordarte la próxima vez que lo abra.


Por cierto, lo he puesto para el club de lectura de adultos, del próximo curso. Si te apetece venir a la sesión, me dices y te aviso. Es la segunda, así que caerá por finales de noviembre o principios de diciembre.


Un abrazo grande y que termines de disfrutar las vacaciones,


María





jueves, 20 de agosto de 2026

Asunto: "Caballos de medianoche"

 Querido amigo:


Ayer terminé este libro de cuentos que me regalaste en enero de 2025. Sinceramente, me ha encantado. Lo he leído en dos ratos, dejando pasar unos segundos entre cuento y cuento para marcar el impasse (así, tal cual, aparece esta palabra en el diccionario de la RAE), pero ávida por leer el siguiente. 


El prólogo de Vargas Llosa y los comentarios finales de Alonso Cueto y otros autores son magníficos. No sé si te acordarás, porque tú lo leíste en agosto de 2024. Como ellos ya comentan los cuentos, e incluso el propio autor en la nota final, no hace falta que los comente yo, pero sí quería compartir contigo escenas que me han impactado y que sé que recordaré de vez en cuando a lo largo de los años. No te lo hago muy largo para que no pierdas demasiado tiempo leyendo este correo 😉:


Caballos de medianoche: el primero y el mejor (en opinión también de los críticos). El momento en que el padre se pone a precintar los huecos de la casa y abre la llave del gas, con la niña acostada, me dejó helada.

El fin de algo: la historia a dos voces de la borrachera de dos amigos, timados por dos prostitutas. Por mucho que lea "noir" (novela negra) me sigue impresionando la mediocridad y la sordidez de los ambientes y de las personas.

Good morning, heartache: el relato de la voluminosa negra cantante de jazz. Sin duda, me golpeó la escena en que el narrador descubre en la habitación contigua el cadáver del bebé de la cantante en estado de putrefacción.

El olor de la noche: chica y chico se conocen en la barra de un bar; toman cócteles (detalle importante después de visitar por fin "Chicote" en Madrid, jeje). Me quedo con la escena en que el hombre (otro, no el chico) descubre a la chica apuntándolo con una pistola. La transición entre estar de risas con su novia y darse cuenta de que la mujer que tiene enfrente lo va a matar. Brutal.

En la vida hay amores que nunca: en estado de embriaguez máxima, al final del relato, el chico insulta a la pared (que, evidentemente, no contesta). La frase final es demoledora: "Solo era una pared vacía de un cuarto vacío de una casa vacía". Le faltaría: "de una vida vacía".

Perdido: narrado a partir de una anécdota personal, según cuenta Niño de Guzmán. Muy buena, además. Caballo (el protagonista) pide insistentemente al músico que toque "Perdido" (por supuesto, es jazz). Tras varias negativas, al final el negro (el músico) le contesta: "El que está perdido eres tú, compadre". Y lo dejó con un palmo de narices. 

Blues de un lunes neblinoso: me ha gustado menos. La chica es muy insistente con el chico; eso no me gusta. Él al final consigue quitársela de encima. 

Livia: una historia de amor entre chico y chica de diferente estatus. La chica lo deja porque él no está a su altura económica. Al chico le cuesta aceptarlo. Eso me cuesta de digerir. No todas las personas tienen las mismas prioridades y queremos que los demás tengan las mismas que nosotros. En fin...

Carta a París: la peruana que cuida a un niño mongólico (el relato usa esta palabra) y termina masturbándolo asiduamente y hasta teniendo relaciones sexuales con él. El momento en que describe el acto y la pillada de la madre (ya lo ves venir) genera un desasosiego espectacular. 

Cinco balas de plata: remake de El olor de la noche. Me gustó más el primero. En este dilata mucho el tiempo en la coctelería y la cantidad de alcohol que bebe la mujer.


Las apostillas finales me han encantado. En general, he disfrutado muchísimo del libro, del flow latinoamericano (mejor que únicamente peruano) con influencia norteamericana. No conocía a este autor y me ha gustado mucho. Justo antes de este he leído una novela actual de una autora mexicana (que me ha maravillado también) y unos cuentos de Espronceda, Bécquer, Pardo Bazán y Rubén Darío que trabajaremos durante el curso con los alumnos. Caballos de medianoche es como una síntesis de las lecturas anteriores.


Así que solo me queda darte las gracias por regalarme el libro, por presentarme a Niño de Guzmán, por abrirme nuevos caminos literarios (estoy conociendo más y mejor la literatura peruana gracias a ti) y por hacerme pasar un buen rato en vacaciones.


Un abrazo y ¡seguimos leyendo!,



María










domingo, 16 de agosto de 2026

Colaboración 3: "Los asquerosos"

 jue, 13 ago


¿Cómo vas?  (20:52)

¿Ya te has recuperado? (20:52)

Oye para el blog si lo ves… que no sé si sigue en pie… (20:53)


Siiiii

Completamente (20:53)

¡Perfecto! (20:53)

Sigue en pie, por supuesto. Aunque con poca actividad… (20:54)



¡Y aquí está! Una nueva colaboración de mi amigo Pepe para el blog:


“Los asquerosos”

Santiago Lorenzo

Editorial Blackie Books



Tiene “Los asquerosos” el regusto de las buenas novelas. Esas en las que aprecias el paso de cada página, deseando avanzar en el desenlace, pero que esconde un dilema interno: la certeza de estar llegando al fin de algo placentero… Así, con este reflujo amargo, discurrió la lectura de una novela que no es una novela sino, más bien, una acrobacia literaria, un espectáculo escrito, repleto de piruetas gramaticales y giros léxico imposibles. Santiago Lorenzo construye un relato a ratos perturbadoramente real y a otros momentos más cómico, con una prosa apabullante y un empleo de la metáfora descarada y descarnada que pone los pelos de punta. La peripecia del protagonista se desparrama, a medio camino entre la aspereza de una vida espartana y la mística de quien busca su lugar en el mundo… en el último pueblo de nuestra España vaciada. Así, “Los asquerosos” no deja de ser otro viaje iniciático y vital, que deja a la vista las entrañas de una sociedad desquiciada, grosera, clasista y abonada de prejuicios. Y así es como Lorenzo construye un relato estrambótico y original, a golpe de mandoble lingüístico, ligeros giros argumentales y esa doblez literaria que solo los muy habilidosos saben llevar a buen puerto.


Pepe Montalvá, 13 de agosto de 2026


—---....------


Yo lo leí hace años, también en verano. Al recibir esta propuesta he estado haciendo memoria, varios días. Si mal no recuerdo, había leído antes “Los huerfanitos”, regalo de mi amiga y compañera Mª Jesús. El de “Los asquerosos” lo leí por recomendación de Ana, diría yo. Quizás de la misma Mª Jesús. A las dos les gusta mucho este autor, de eso sí estoy segura, porque hemos hablado de él y de sus novelas en varias ocasiones.


Echando mano de ese poso -muchas veces inconsciente- que se te queda tras la lectura, no recuerdo yo que “Los asquerosos” me entusiasmara tanto como a Pepe. Quizás porque lo leí con las altas expectativas que me habían generado, y pasó lo que suele pasar… que casi nunca se cumplen. Pero sí es cierto que me marcó: el libro cuenta una de esas historias estrafalarias, casi inverosímiles, cuyo personaje me viene a la mente más de lo esperado, seguramente porque yo sufriría mucho si estuviera en su piel (vivir sin luz, por decir algo). Me admiró en su momento (por eso quedó en mi poso interior y años después rescato impresiones) la capacidad de superación y adaptación del protagonista y, sobre todo, la decisión final (¿la recordáis, los que habéis leído la novela?; no la comento, por si alguno se anima a leerla). 


La historia es un aprendizaje radical para la felicidad, que Manuel lo consigue a través de la lectura, la adaptación total al medio (y no al revés), el silencio y la soledad. De cada lector o lectora depende cuánto decidimos aprender de Manuel, de su autor y de su manera de ser felices.